A veces sentimos que no nos entendemos con alguien. A veces no nos entendemos ni con el Universo. Otro día más que se dibuja en mi ventana. Nubes, nubarrones. En la tele dicen que hay probabilidad de chubascos dispersos. Siento el estómago revuelto. Ya estoy en casa de mis padres. Me detengo a pensar en la distancia, como si la que habita mi cuerpo no fuera yo. Me observo.
De pronto, fregando los platos, las lágrimas brotan. Dichoso proceso pre-menstrual. Lloro su perdida desde el Kaos que me acompaña. No me importa, a Kaos siempre le gusto bailar conmigo. Siempre nos hemos reído del Orden, del Kosmos cuando ha sido necesario, cuando las cosas no han salido tal y como se habían planeado. Mi mundo cada vez es más frágil, más de cristal. Me siento como si llevase un corse de hierro. Una bailarina esbelta, cuya coraza parece ahogarla a la vez que sostenerla, dejándole el hilo de aire necesario con el que respirar y así hacer sus piruetas.
La aflicción, la tristeza, el pesar. Son ilusorios, son reflejos de un estado del alma transitorio. Todo es transitorio en la vida, ¿incluso la muerte? Desde la cima de esta montaña observo el mundo y no entiendo nada. Una vez más acude a mí esa pregunta que de pequeña ya me transtornaba ¿Para qué me sirve sentir tanto todo? ¿Por qué me diste vida? ¿Por qué mis ojos ven el mundo así? ¿Para qué? Sollozo. Me hubiera gustado verle, hablarle, abrazarle antes de que se marchase.
miércoles 28 de octubre de 2009
...desinteligencias...
A veces sentimos que no nos entendemos con alguien. A veces no nos entendemos ni con el Universo. Otro día más que se dibuja en mi ventana. Nubes, nubarrones. En la tele dicen que hay probabilidad de chubascos dispersos. Siento el estómago revuelto. Ya estoy en casa de mis padres. Me detengo a pensar en la distancia, como si la que habita mi cuerpo no fuera yo. Me observo.
De pronto, fregando los platos, las lágrimas brotan. Dichoso proceso pre-menstrual. Lloro su perdida desde el Kaos que me acompaña. No me importa, a Kaos siempre le gusto bailar conmigo. Siempre nos hemos reído del Orden, del Kosmos cuando ha sido necesario, cuando las cosas no han salido tal y como se habían planeado. Mi mundo cada vez es más frágil, más de cristal. Me siento como si llevase un corse de hierro. Una bailarina esbelta, cuya coraza parece ahogarla a la vez que sostenerla, dejándole el hilo de aire necesario con el que respirar y así hacer sus piruetas.
La aflicción, la tristeza, el pesar. Son ilusorios, son reflejos de un estado del alma transitorio. Todo es transitorio en la vida, ¿incluso la muerte? Desde la cima de esta montaña observo el mundo y no entiendo nada. Una vez más acude a mí esa pregunta que de pequeña ya me transtornaba ¿Para qué me sirve sentir tanto todo? ¿Por qué me diste vida? ¿Por qué mis ojos ven el mundo así? ¿Para qué? Sollozo. Me hubiera gustado verle, hablarle, abrazarle antes de que se marchase.
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